La Casa de la Vida ( I )
Siempre he pensado que en algún lugar no muy lejano, me habré de encontrar. Y hasta entonces procuro acompañarme de lo que queda de mi educación, mis circunstancias y esas pequeñas cosas que me gusta llamar "brotes de felicidad".
Porque Ulises somos todos. Todos sufriendo internamente el sitio de Troya. Todos con un dios bajo el brazo, hebreo o no. Y sólo unos pocos se adhieren al libre albedrío. Pienso que es cuestión de no dejarte atrapar por el tiempo. Cada uno de nosotros disponemos de un tiempo para gastar. Unos leves instantes en la inmensidad del universo. Así que pienso que la llave de la libertad consiste en vivir y saberte atemporal.
Pero si realmente debemos optar por algo, que sea por la vida. Atrévete y apuesta por la vida, por la vida y nada más. Pues de todos es sabido que el que inventó el tiempo tan sólo nos lo prestó. A mi, por ejemplo, nadie me pidió permiso, me nacieron y punto.
Einstein no se atrevió, o no quiso, definir "el tiempo interno"; la voluntad relativa. Pero todos seguimos soñando la imaginación. Y no sabemos cómo frenar nuestra realidad; la implosión de nuestras vidas. ¿quién o qué nos nace? Y sobre todo, ¿qué nos espera a la vuelta de la esquina del tiempo, nuestro tiempo?
He padecido y sigo padeciendo desde la más tierna infancia, un sentimiento atroz. Que necesito volver. No sé adónde, pero necesito regresar. En un intento, casi un ensayo, para seguir recordando la alegría, las sonrisas, la verdad, lo que te ensancha la vida. Quiero gente de verdad, la gente, mi gente. Soy Robinson y tengo miedo a ser devorado. Quién sabría educarnos para asimilar las catástrofes de la vida.
En ciertas ocasiones viajo a Liliput y en otras a Brogdingnagg. Según los estados de ánimo de esa barca que naufraga en los mares de las emociones. El destino es Itaca; ese extraño viaje al centro de la tierra. Y yo que sigo navegando según los vientos. El viaje a los abismos de nosotros mismos.
Mi casa son pensamientos. La física de los Presocráticos, la ética de Sócrates y Platón, la lógica de Aristóteles y ese hombretón alto y rubio, de mirada ennoblecida y trascendental, crucificado por el ideal, que me indica que el único camino es el amor. Sé, o creo saber, que la totalidad del mundo son los opuestos, con su principio (arché) pero, cómo encontrar una explicación al origen del mundo, a los inicios de mi tiempo.
No se trata de la búsqueda del tiempo peredido. Se trata del conocimiento encontrado. Pero ¿quién nos vigila tan atentamente? Los sueños no son más que ríos que desembocan en el mar de las emociones o al revés. Somos como pasajes más excelsos. Más interesantes que una buena novela, pero no sabemos descubrirnos y necesitamos hacerlo. Una única novela en la biblioteca cósmica. Sinceramente me gustaría conocer al bibliotecario. Y qué me explique de qué va todo esto. Y porqué ocupo un lugar.
Si yo descubriera mi origen sería como descubrir el origen de todas las cosas, tal vez por eso me sea velado.
Pero mi grito sigue siendo rebelde y emana libertad. Nunca me adapté y jamás lo haré. El único lugar del hombre en este mundo, en esta casa de la vida, es dentro de sí mismo. Y la lección no es otra que aprender a convivir con uno mismo, claro está.
Sinuhé el Egipcio siempre fué ajeno a su propia vida, por eso la pudo escribir y padecer. Yo me pregunto hasta qué punto somos ajenos a las circunstancias de nuestra vida. Y si cuando logramos ser conscientes de la vida ya es demasiado tarde; nos lamentamos desde la niñez vista desde la madurez.
La divinidad siempre ha supuesto un tranquilizante a la incomprensión como tal de la vida. Pero quién nos podría contestar ¿qué existe a la vuelta de la esquina de nuestro tiempo?
Pasarán otros miles de años hasta que el hombre pueda contestar a la cuestión ¿qué es el hombre?
Permíteme contar la historia de un hombre, que como Sinuhé, sólo quería vivir...
P.D.
La noche se cierra
en torno a una estrella fugaz
pero nada comparado
con lo que por ti siento.
Peatón
